Jugando con la brisa la encontré,
la vi tan tierna que me enamoré,
un beso en su rosada mejilla le di
y mi amor con ternura le ofrecí.
El encuentro de miradas
acercó a dos almas enamoradas,
nos tomamos de las manos
y luego nos besamos.
Nuestro amor emanó
como flor que floreció,
sobre alfombras doradas
pasaron dos almas enamoradas.
Raúl Peña y Lillo Valenzuela